Al fin y al cabo, no vale la pena sufrir por aquel que no pudo o supo demostrar que te valoraba.



 La vida se hace más fácil cuando aceptas una disculpa que nunca llegó… y eso se llama perdonar desde el corazón.

 

Desde pequeña tuve la suerte de crecer escuchando esta frase de aquellos que me rodeaban, enseñándome uno de los principales valores que nos conforman como seres humanos: el perdón.

 

En esta etapa de nuestra vida, la infancia, recibimos y captamos cualquier cosa, sensaciones y aprendizajes que nos permiten comenzar a desarrollar nuestras emociones.

 

Y de lo que nunca nos hemos dado cuenta es que nuestro entorno nos condiciona, tanto para bien como para mal. 

 

Por eso, es importante hacerles entender a los niños desde muy temprana edad que cuando alguien nos hace cosas que nos dañan, nos hieren o nos perjudican, no debemos quedarnos con eso por dentro porque si bien nos lastimó un momento no tiene por qué hacerlo la vida entera.

 

Enseñarles a los niños que si bien presencian que alguna persona te perjudica o te hizo inmensamente triste él no tiene por qué  albergar dentro de sí sentimientos tóxicos como odio, resentimiento o dolor.

 

Este tipo de situaciones se da constantemente en niños con padres divorciados donde se le involucra en los problemas de los adultos. Acá te cito algunos ejemplos.

 

-       Se fue, es una mala persona ya no nos quiere

-       Tu padre ya no nos da dinero es un irresponsable

-       Tu abuela no nos apoya

 

Y me atrevo a decir que son ejemplos bien tontos porque sabemos que en la realidad en estas palabras se les dice a los niños muy subidas de tono.

 

Lo que nos falta entender es que un niño es sólo un niño, y que no tenemos que decirles este tipo de cosas para lograr su apoyo. Permítele crear su propio juicio y mantener sana su relación con la persona con la que tengas el problema, porque quizás tú ya no seas el/la esposo/a pero él/ella seguirá siendo él/la hijo/a.  

 

Quizás sea una mala experiencia para ti, pero debes entender que el maor aprendizaje es aprender a perdonar a quien o que nos hace daño.

Perdonar, nos permite sentirnos en paz y plenitud interior con nosotros mismos, y en consecuencia con el mundo.

 

Y creerme, este pilar de vida es totalmente verdadero. En muchas de nuestras filosofías y religiones dicen que el acto de perdonar nos convierte en almas grandes, nos dota de gran corazón y un inmenso valor interior. También afirman que su eterno compañero de aventuras, el olvidar, es regalo de aquellos que son valientes y desde el amor puro valoran su propia felicidad.

 

Perdonar y olvidar: dos ingredientes vitales que cada uno de nosotros tendríamos que plantearnos desarrollar cada día de nuestra vida ¿sabes por qué?

 

Porque poco a poco irás aprendiendo que quien te genera un daño y malestar,  no se convierte en mejor persona que tú, y en consecuencia tú no serás más débil por perdonarlo. Si perdonamos y luego olvidamos podemos sentir que las cosas nos dejan de hacer daño, pudiendo olvidar o eliminar de tu vida a aquellos que no te aman verdaderamente y solo buscan tu malestar.

 

Invita a tu propio corazón a abrirse cuando alguien se disculpe ante ti y perdónalo, aunque te pueda resultar complicado, por muy grave que haya sido la experiencia o el daño causado. 

 

Cuando perdonas te sentirás iluminado y en equilibrio con tu propia esencia y tu alma. Y eso es una de las mejores recompensas de esta vida: el primer paso hacia la eternidad.

 

Perdonar nos invita muchas veces también a hacernos a nosotros mismos la pregunta de ¿qué pasa si alguien me hace daño y no se disculpa?

Buscando esa respuesta te darás cuenta que tu propia alma te llevará a perdonar de todas formas. Tan sólo recuerda lo importante que es en este caso “saber olvidar“. Al fin y al cabo, no vale la pena sufrir por aquel que no pudo o supo demostrar que te valoraba.

 

Recuerda PERDONAR Y OLVIDAR. Ambos se convertirán en la clave para que sigas tu desarrollo personal y evolución como gran ser humano que eres.

 

Vivir bajo estos valores te permitirá deshacerte de la mochila cargada que llevas sobre la espalda, la cual no te deja mirar hacia el cielo, el destino que todos nosotros anhelamos y pretendemos.

 

Vivir en  el rencor no te traerá ningún bien, y mucho menos a la persona que te hizo ese daño. Únicamente, solo podemos cambiar teniendo la valentía de perdonar y el trabajo de olvidar lo ocurrido.

 

Aprende a aceptar las disculpas si te las ofrecen al corazón. Si esto no ocurre, simplemente olvida y continúa con tu camino recordando que perdonar no es volver la vista atrás.

 

“Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar”- Dalai Lama

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